Y nuevamente la gente sentía esas energías, ese ánimo, esas ganas de ser culto (o volver, en este caso, a serlo), de salir, saltar, correr, pero siempre a un mismo lado: al re inaugurado Teatro Trozky.
"El gran Teatro Trozky, donde cada espectáculo es una maravilla, es esplendido, espeluznante y misterioso a la vez" decían todas las tapas de los diarios de la zona. "Nuevamente se reabren sus puertas para todo el público. ¡Ya no desayune, almuerce, meriende o cene, aliméntese de los mejores shows que en la vida podrá ver!"
La gente, ingenuamente, creía esto y, sufrían problemas de nutrición. Pero viéndole la buena cara al tema, muchas jóvenes muchachas encontraban la excusa/dieta perfecta.
El teatro siempre se caracterizó por su buen nivel cultural, informativo y didáctico. El público era espectador y actor a la vez. Todas las personas eran cómplices de la obra, tanto ingenieros, como técnicos, escenógrafos, maquilladores, inclusive el director y, obviamente, el público y los actores.
La opinión publica no hacía otra cosa que hablar de la gran re apertura. La mayoría, lógicamente, estaba exaltada y emocionada pero también estaban los que tenían miedo, los que dudaban, los que lo negaban y hasta los que criticaban muy duramente. Estos últimos eran los conservadores, ya que el teatro, anteriormente, se llamaba "Teatro Ángeles", pero desde que sus entradas volvieron a tener vida, fue cambiado en honor al mejor actor jamás visto allí.
La mayoría de las personas que fueron el día de la re inauguración tenían ese pequeño presentimiento de que lo volverían a ver a él, y volverían a tener esa sensación única que les provocaba. Pero todas se fueron decepcionadas. Los espectáculos ya no tenían la misma calidad. El actor tan deseado no apareció y el teatro quedó, en poco tiempo, nuevamente en ruina.
Trozky fue la vanguardia de cualquier rutina de actuación. Sus métodos eran excepcionales, bruscos, metódicos, aleatorios y rebuscados. En síntesis, él actuaba para él mismo. Pero si se podía resaltar algo por encima de sus métodos era su misteriosa expresión facial.
No sonreía, no sacaba una lagrima, no se sorprendía, no cambiaba su expresión. Eso podía provocar conflictos al remitir sensaciones o sentimientos dentro de la obra, pero su expresión era única. No era una mueca, era indefinible. Muchos guiones fueron cambiados para poder adaptarlos a su cara.
Y su misterio también se encontraba afuera del escenario. Su presencia era incomoda, sus comentarios eran incoherentes y no regía por horarios, él aparecía cuando quería. Eso hacía disgustar a la primera camada de actores que trabajó junto a él, ya que tenían que cortar sus actividades como sus almuerzos, sus estudios, sus conferencias o sus siestas e ir a ensayar ya que Trozky estaba dispuesto en ese momento. Las siguientes camadas ya se abstenían de vivir sus vidas para solo depender del teatro.
A la crítica le gustaba, al público también, nadie se quejaba de su actuación, lo ovacionaban y se sentían satisfechos de sus actuaciones y hasta, tal vez, hambrientos por más.
Sin embargo, Trozky, un día desapareció y nadie lo volvió a ver. Muchos investigadores, científicos, forenses y personas por su cuenta investigaron su desaparición. Ninguno pudo sacar una conclusión firme. Dicen que en cada ensayo pedía, por momentos, piedad, pero no sabían por qué.
Trozky, tal vez, quería cambiar al mundo. ¿Quién lo sabe? No sé supo, por ahora, quién fue, de dónde salió, ni su actual locación.
Decían los investigadores en su momento "Tal vez sufría, pero nunca lo supieron." O comprendieron.