lunes, 31 de octubre de 2011

La máquina del tiempo

Y no podía abandonarla. Él quedó destruido después de su perdida. Su esposa había fallecido y él no podía hacer nada. Su sonrisa, su cabello desprolijo, su forma de andar, su actitud, sus caprichos, sus locas teorías, sus manías, sus gestos, y nada, todo en el limbo, todo perdido. Ya no iba a ver más a ninguno de ellos. Los extrañó, luego de perderlos se dio cuenta de que los extrañaba, parecían tan disimulados, tan cotidianos, y se acostumbró a ellos, pero recién ahora podía apreciar su belleza, lo únicos e inigualables que eran. Pero lo que más extrañó es a ella.
Tras noches y noches espantosas en las cuales sus recuerdos no lo dejaban dormir, decidió recuperar a su esposa. Pero no estaba loco, no la iba a despertar del mundo de los muertos, ni crear otra parecida. Iba a volver con ella. Decidió hacer una maquina del tiempo. Volver al pasado y revivir todos los encuentros amorosos, aventuras románticas y hermosas pérdidas de tiempo.
Un año y medio tardó. Tardar tanto tiempo hizo que casi ni se acordara de su propósito, pero la emoción de volver a verla a ella le devolvió todos sus sentimientos.
Noticieros de todos lados, científicos, físicos, ingenieros, electricistas, panaderos y la vecindad vino a ver la grandiosa barbaridad que él había construido. La máquina era gigante, pero pretendía mucho. Todos saludaron al enamorado y se sentaron a esperar su llegada (obviamente datada) para saber experiencias y logros.
Y así viajó. Y entró en la dimensión del pasado, estacionándose diez días antes del fallecimiento de su esposa, en los últimos días de la enfermedad terminal (sí, falleció por una enfermedad). Él la abrazó y le dijo cosas hermosas. Pasó todos los días con ella y le supo demostrar que la amaba. Pero eso no lo completó. Pensó que terminar bien su relación, sabiendo ya los últimos días, podía sentirse bien consigo mismo, pero ahora el vacío era mayor, y quería más tiempo con ella.
Y volvió a viajar. Ahora se encontraba estacionando en la época donde se casaron. Y disfrutó esos días como ningún otro, sabiendo el futuro y aprovechando así el presente (o el pasado). Pero... al revivirlo le empezó a parecer aburrido, ya el volver del trabajo era verla a ella, hablar, cenar e irse a dormir. Quería volver a las aventuras, ser un adolescente apasionado, despreocupado de riesgos y creativo. Cabe destacar que muy inteligentemente la máquina del tiempo también daba el soporte de, al transportar al pasado, el cuerpo, físicamente, cambiaba ajustándose al pasado ya vivido.
Y viajó. Pero ahora buscaba el momento donde se conocieron. Y viajó. Pero en ese instante le dio intriga y quiso conocer su infancia. Y luego ver su nacimiento. Pero, como dice la frase, la intriga mató al gato, y así la máquina se descompuso, provocando que se haga un loop infinito de regresos al pasado sin vuelta atrás.
Ahora el pobre enamorado no tenía otra solución que vagar en el pasado. Y así recorrió en cada trayecto el mundo, tratando de encontrar alguien parecida a ella. Tratando de sacarle un sentido a la máquina o su existencia. Y buscó a alguien parecida a ella. Luego alguien con su actitud. Luego alguien con su mirada. Luego alguien que le llame la atención. Luego alguien...
"La máquina fracasó", sacaron por descarte todos los mirones que se encontraban en la casa, esperando su regreso.

domingo, 2 de octubre de 2011

Mentiras

La vida está hecha en base de mentiras.
Al igual que la oscuridad está hecha en base a la luz y el frío del calor, la verdad está hecha a base de mentiras. Las vemos por todos lados, la usamos consciente o inconscientemente y hasta ya estamos acostumbrados. Se puede encontrar en cualquier relación, amistad o ficción (como ésta).
Por ejemplo, cuando nos duele algo o estamos en camino a una operación (valga la redundancia) dolorosa, nos colocamos en nuestro organismo anestesia. Es una gran mentira a nuestro cuerpo, haciéndolo creer que allí no pasa nada, los nervios tienen los "ojos tapados". Y esta metáfora se encuentra totalmente relacionada con cualquier tipo de mentira: en la justicia, o en los engaños.
Puede ser que tengamos miedo de dar la verdad. A un enfermo, decirle que pronto deberá morir, es un doloroso suceso y empeore las cosas. Pero (para volver al tema de las cirugías) la verdad es exactamente eso, una cirugía. Nos asusta saber de ella y la tratamos de evitar o de creer, cuando llega el momento nos duele pero al fin y al cabo nos cura.
Hay una serie de relatos a continuación donde pasaron hechos en la vida que no nos contaron o nadie quiso creer:

¿Y qué si nosotros también somos insectos?
Sabemos que existen cosas más chicas que nosotros, puede ser ciertos animales, y luego los bichos. Estos últimos viven silenciosos (excepto los famosos cantos de los grillos) y se mueven, provocando en nosotros cierto tipo de molestia, especialmente los voladores, como las moscas o abejas.
Un científico visionario, que creyeron loco, tenía la teoría de que nosotros también pertenecemos a la cadena de especies (y no somos los más grandes). Nosotros observamos a los insectos y, paralelamente, otros seres nos observan a nosotros y nos destruyen. "Son las nubes. No tienen ojos, son incorpóreas, pero... se mueven sigilosamente, y nos observan, desde arriba. ¡Hay que conocer más acerca de esto! ¡Hay que revelarnos!" decía el científico. Luego de presentar este proyecto al mundo, se murió dos días más tarde, electrocutado por la caída de un rayo y al igual que él, su proyecto nunca pudo descansar en paz.

El sufrimiento vegetal.
Los humanos tendemos a ser seres sentimentales. Depende la situación, cambian nuestros estados de ánimo, nuestro humor y nuestros sentimientos.
Pero nos olvidamos de otros seres. Si le sacamos a una mosca sus alas, está sufrirá hasta la muerte. También, si le sacamos hojas a un árbol estos sufrirán en una medida relativa, pero al fin, llorarán.
Hay que admirar a los vegetales, estos son fuertes y siempre disimulan su dolor.

Las frecuencias.
Desde la explosión masiva del uso telefónico, las ondas recorren el mundo al igual que nosotros.
Esto tuvo consecuencias negativas. Por ejemplo: las palomas.
Estas están estúpidas, más que anteriormente. Ahora ya no divisan a las personas, vuelan sin rumbo y equilibrio, y se reproducen como los conejos.
Esto es en una menor escala, pero el consumo de comunicaciones está provocando que las ondas, alteren ahora, al cerebro humano. La gente pronto golpeará su cabeza contra la pared, hablará incoherentemente y se desprenderá de la sociedad, aislándose.
Bienvenido 2012.